miércoles, 17 de abril de 2013

Lluvia para el desierto



Nuestros antepasados caminan, danzan, sueñan en los desiertos. Desiertos llenos de vida que se extienden dibujando sierras, huecos, charcas y lomas en enormes extensiones.


La lluvia en el canto de los ancestros es realmente valorada, anhelada, sobretodo cuando se ausenta por períodos prolongados: se reúnen los habitantes del desierto para elegir una manera divertida y novedosa si es posible para convencer a la lluvia de que empape la tierra y calme la sed de plantas y animales.

El gorrión por ejemplo, es elegido para ir a hablar con el dueño de la lluvia, entrega su mensaje, recibe la promesa de que habrá lluvia, pero el viento del huracán y el rayo le impiden regresar a la tierra de la cual sale. A la golondrina se le encomienda la misma tarea, pero también se despista con los embistes de la tormenta. Total, el agua se puede ver en las alturas pero no toca el suelo, parece una broma celestial.

Tenemos un pariente muy astuto que cuando le toca su turno, primero acude a pedir la ayuda de un mago, quien le presta unas alas de murciélago, (algunos dicen que esas alas son el poderoso canto del sapo).

Cuando el dueño de la lluvia escucha el ruego del sapo a nombre de los habitantes del desierto, y responde con la promesa de que habrá lluvia, el sapo agradecido hace como que se va...pero ¡no! Simplemente se esconde bajo la puerta por un rato y así mientras el dueño de la lluvia planea la travesura con el viento y los rayos, efectivamente empieza a llover pero el agua no llega hasta la laguna del sapo. Éste sube por encima de la lluvia con sus alas, o busca un tono para el canto de lluvia. La lluvia se sorprende y se suelta de nuevo, el sapo se calla, la lluvia piensa que ha muerto el sapo, se detiene, el sapo se mueve cantando "kowak, kowak" y va del cielo a la tierra, la lluvia lo persigue ya muy enchilada, cuando se da cuenta ha empapado la tierra. Todos ríen y agradecen, muchos sapos están cantando. Las alas son devueltas al mago.

Los sapos están retratados en los huipiles que tejen las mujeres en el sur...
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Adaptada de un mito Yaqui (hiaki) del origen de la lluvia

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