jueves, 6 de marzo de 2014

Quietud


Las muchachas andan caminando por la falda de la mamá: caminan, vuelan, nadan, sueñan. 
De cuando en vez, sus faldas se atoran en alguna constelación que en la tierra parece un recinto de nopales y clavelinas. Entonces ellas se quedan quietecitas, poderosas por un instante, mientras esos piquitos de estrella levantan con cuidado los endometrios. 
Mientras esto sucede, se bordan sueños, de plumas se forman refugios para ellas.
La fuerza de la tierra se abre para renovar.
Así, algunas muchachas en un momento de la constelación en turno, otras muchachas con la luna, otras por ahí de cada veinte noches. Todos y cada uno de esos momentos de faldas y jícaras en ciclos perfectos, individuales y cósmicos.
A veces las muchachas se topan en un crucero con un árbol de jícara y se enamoran y se preñan pero eso ya es la siembra de otro sueño.


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