viernes, 25 de abril de 2014

Niño (primera parte)


Mujer Estrella de la Mañana medita sentada en el cielo de verano, desde la madrugada brilla su belleza. Ella está unida con todo y sabe que es tiempo de cambio, las nubes oscuras la rodean y dialogan, los humanos que han habitado la Tierra saben que en este momento entre el sueño y el despertar se anuncia su partida. Todos están de acuerdo, preparados para esta ceremonia, serenos pero encendidos por la pasión. Esta madrugada del tiempo original dura mucho, como para que en un parpadeo se sucedan innumerables sueños fértiles.

Hombre Rayo ama intensamente a Mujer Estrella. Ha esperado toda la sequía para besarla. Y ella anhela el encuentro. 

Cuando él la mira, sentada en el cielo, brillando en todo su esplendor en el único hueco que no está nublado, cruza en un instante las nubes: en el resplandor de una descarga se besan, y ella queda preñada. En ese mismo instante da a luz a un hermoso niño, que el padre Hombre Rayo en otra descarga lleva a la tierra, y lo deposita en la entrada de una cueva, donde Mujer Venado está criando a sus cervatillos, ella lleva al Niño al nido de zacate para que duerma junto con sus hijos. Lo amamanta. El águila que anida en la cumbre vela por los venados y por el Niño de la próxima humanidad.

Continuará...

(Tomado de "Leyendas Durangueñas", Segunda Edición, 1963, Eduardo Gámiz.)

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