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lunes, 29 de julio de 2013

"Quizás no debamos tomar a la ligera la idea de que aquí, en Wirikuta, los dioses comenzaron el mundo."



El secreto de Wirikuta
por Hermann Bellinghausen

El oro, como la guerra, es enfermedad e insensatez recurrente en las civilizaciones humanas. Igualmente inexplicables, oro y guerra siempre son instrumento y patrimonio de los dominadores, con frecuencia ladrones, asesinos y falsarios. En muchos aspectos la humanidad ha progresado, pero en estos dos no ha hecho sino empeorar, degenerarse e irradiar tal degeneración a las culturas y al planeta, hasta grados de riesgo que hoy desafían la imaginación. Escribe el poeta francés René Char: Ha comenzado la agonía de una Tierra que era bella, ante la mirada de sus volatineras hermanas y en presencia de sus hijos insensatos. Es aquí donde Wirikuta importa. En su espejo podemos aprender cómo parar esa agonía, para no verla despeñarse en la destrucción irreversible (¿una más?) de un lugar no sólo sagrado y simbólico, sino también un prodigio único de la naturaleza; y todo por el maldito oro, que sale de las entrañas de la Tierra para irse a guardar, vergonzante y codicioso, en bóvedas bancarias de Londres o Zurich. Si al oro le gusta estar bajo tierra, ¿para qué sacarlo? Ah sí, para hacer dinero, ganar. Eso, y nada más. Una muy mínima cantidad se usa de adorno. Así de insensato.

Pocos kilómetros al norte del Trópico de Cáncer, en el altiplano potosino se localiza un muy particular enclave del vasto desierto chihuahuense conocido como Desierto de Coronado. No se deje usted engañar por el nombre: no tiene nada de desierto, es más bien una plana, frondosa y palpitante selva de baja estatura, donde se concentra la mayor biodiversidad de cactáceas del planeta, según el documento Wirikuta, defensa del territorio ancestral de un pueblo originario. Mesa técnica-ambiental(2013). Es mucho más que un desierto: es un jardín.

En pleno siglo XXI, cuando la naturaleza reside in vitro, arrinconada o en reservaciones, aún hay sitios donde la vida es capaz de recomenzar por sí sola continuamente. Pueblo afortunado (aunque lo postulen para la Cruzada contra el Hambre), el wixárrika (o huichol) lo ha caminado y reverenciado durante al menos dos mil años, si bien su trazo civilizatorio data de hace nueve mil años en las sierras occidentales, y de cinco mil el consumo humano de jíkuri (conocido como peyote por lo que fue el neologismo azteca para ese fantástico fruto que las culturas seminómadas del norte pusieron al centro de su existencia espiritual y cultural, materializada en el maíz de todos los días: coras, tepehuanes, mexicaneros, rarámuri, y con lealtad ininterrumpida, los wixaritari radicados en los actuales Jalisco, Nayarit y Durango).

Sirva acaso para tentar el corazón nacionalista de quienes lo conserven todavía el dato de que Wirikuta es casa del águila real, la del escudo mexicano, la que habría indicado el islote que sería Tenochtitlán. Los futuros aztecas venían de allá, del norte, tenían un idioma primo de los wixaritari. Paradójicamente éstos (wirras los apodan sus amigos, que los tienen en todo México y muchas partes más; igual que el desierto: un lugar con amigos, sí), al menos en tiempos históricos, nunca han habitado ni poseído el desierto, ni han reclamado propiedad. Es de nadie, y de todos el derecho a caminarlo y sostener encuentros con el cacto de la lucidez y el entendimiento.

Quienes sí han poblado la región, también por siglos, son los herederos de pueblos guachichiles y chichimecas, hoy amestizados y con escasa identidad indígena, sólo campesina. Viven –en ranchitos y parajes cerca de los tanques de agua– la vida lacónica y seca del desierto donde la milpa sale pero cuesta y las cabras merodean antes de terminar como cabrito asado en Monterrey. Donde el agua es escasa y se atesora más que si fuera oro. Ellos han convivido con el jardín de Wirikuta en armonía. Y curiosamente no consumen el jíkuri que crece en sus propios terrenos, aunque conocen la inusual riqueza farmacológica de las gobernadoras, biznagas y raíces de esta tierra extravagante y misteriosa. Se trata pues de un sitio natural conservado en interacción ancestral con los seres humanos, algo que no cuadra con los criterios conservacionistas que sustentan las políticas del Estado. Desmiente la necesidad de vaciar de humanos, con fines de conservación, lugares como Montes Azules en la selva Lacandona (donde yacen importantes ruinas prehispánicas y al menos una ciudad maya: Tzendales).

El peligro brutal que amenaza y ya muerde el jardín es la explotación minera. El gobierno ha entregado cerca de un centenar de concesiones en la Sierra de Catorce y en su Bajío a empresas en su mayoría extranjeras, dice el documento citado. Y aunque la extracción de oro y plata es aún incipiente, los proyectos en curso arruinarán el agua escasa, la flora extraordinaria, la fauna única, la irradiación mítica que determina la espiritualidad y la historia de un pueblo respetable, admirable y vivo. Quizás no debamos tomar a la ligera la idea de que aquí, en Wirikuta, los dioses comenzaron el mundo.

Fuente:
La Jornada
29 de julio del 2013

miércoles, 28 de marzo de 2012

Documentales sobre la cultura Wixárika y la Defensa de Wirikuta en National Museum of the American Indian


The Smithsonian National Museum of the American Indian,
in cooperation with Cinema Tropical
and the Mexican Cultural Institute of New York, presents

At the Movies: Huichol Journeys

Thursday, March 29, 6:00 pmSaturday, March 31, 2:00 pm

Auditorium, George Gustav Heye Center
National Museum of the American Indian 

One Bowling Green, New York, NY 10004

Admission is free. Reservations recommended: fvc@si.edu 
or212-514-3737      .

Flowers in the Desert / Flores en el desierto
(José Álvarez, Mexico, 2009, 72 min. In Huichol and Spanish with English subtitles)
In Flowers of the Desert, filmmaker José Álvarez documents Huichol daily and ritual life including their traditional peyote pilgrimages to Wirikuta, a Huichol sacred site and pilgrimage destination in the desert of San Luis Potosí, and to the Pacific coast of Nayarit. (Mature subject matter).

Yumakwaxa / The Drum Celebration
(Karin Gunn, Mexico, 2008, 8 min. In Wixaritari with English subtitles)
Yumakwaxa/The Drum Celebration was produced in an animation workshop for teachers and high school students, many of whom were Wixaritari, in the western state of Jalisco. Claymation brings to life the annual drum celebration, a rite of passage ceremony for the children of the community guided by the Mara’acame (spiritual leader), that involves sharing food and hearing stories about sacred places.

In Defense of Wirikuta and the Sierra de Catorce
(de Edurado Ustarroz,  Mexico, 2011, 13 min.)
In Defense of Wirikuta and the Sierra de Catorce is an awareness-raising documentary on the threat now facing Wirikuta from silver mining activities.



viernes, 18 de noviembre de 2011

Una biblioteca en Wirikuta

El municipio de Catorce tiene una extensión de 1.865.99 kilómetros cuadrados y sólo cuenta con UNA biblioteca pequeña. Los niños y jóvenes del desierto necesitan material para lectura. Hay personas como Karely, la maestra de la escuela de Las Margaritas, o Silvia, una madre de familia que lee cuentos en el Jardín de Niños de Wadley, que se empeñan cotidianamente en esos lugares apartados, en la creación de una chispa que contribuya al desarrollo de la fantasía de los habitantes más pequeños de Wirikuta.




El desierto requiere de un lugar con muchos libros para ellos y todos los que deseen acercarse a la lectura. La propuesta es que el material vaya a la Escuela de Las Margaritas desde donde podrá ser compartido a otras comunidades de Catorce. 

Por tal motivo, se hace una atenta invitación  a realizar donativos en especie para poder conformar un acervo que les ayude a todos  a tener acceso a un buen material de lectura. 
Bienvenidas sus aportaciones,  que serán dedicadas a la propagación de la imaginación y el conocimiento...




Centro de acopio en DF:
venadomestizo@gmail.com

Centro de Acopio en Guadalajara:


El Colectivo de Santa Tere
colectiv1939@gmail.com
Tel. 01-3315891116

Centro de acopio en Matehuala:
Tel. 01- 4888816874

jueves, 7 de julio de 2011

El Oriente: Wirikuta

Fragmentos:
El número cinco y la geografía ritual 
El Oriente
Al oriente, en el desierto de Real de Catorce en San Luis Potos se encuentra Wirikuta en donde está Paritekia, el Cerro Quemado, que es llamado así por que se cree que por ahí salió por primera vez Tawewiekame, Nuestro Padre Sol y que dejó ahí un hueco quema­do; también se llama Reu 'unar, Cerro del Amanecer, ya que desde tiempos ancestrales y hasta la actualidad siguen saliendo por ahí todos los días los primeros rayos del sol. A Wirikuta se puede acudir a pedir cualquier cosa. Se le relaciona con la región de arriba, con el tiempo de secas y con el tukari6, el día. Tukari se refiere a la vida de toda la gen­te, al tiempo de luz y de secas que se relaciona con la temporada festiva y al aspecto mas­culino que el sol representa. Hacia el este es hacia donde está orientado el mara'akame y hacia dónde se dirige generalmente en las ceremonias. Aquí habita Nuestra Madre la Jo­ven Aguila, Tatei Werika timari.