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jueves, 25 de agosto de 2016

Dos mensajeros


Dos pequeñas partículas luminosas viajan para reunirse -si todo sale bien- y entregar a los habitantes de la superficie de la tierra, la medicina que se necesita con urgencia.

Una lucecita viene del corazón del cielo.

Y la otra del seno de la tierra.

Cielo y tierra están un tanto preocupados porque la comunicación que sostienen a través de nosotros los humanos se ha interrumpido. Además la densa confusión ha creado una densa capa que atravesar formada por ambiciones, pesimismo, ira, demasiado juicio, una terrible obsesión por sobresalir y avasallar. También una especie de malla muy cerrada, una maraña de preocupaciones y mezquindad, miedos, envidia.

Y por ahí tienen que pasar las lucecitas.

Que en un bosque toman forma de un cervatillo -mensajero del cielo- y de osezno -mensajero de la tierra.

No se sabe siquiera si van acercarse para entregar los mensajes, o si se van a asustar o que percances puedan interferir en este encuentro.

Pero los pequeños comienzan a observar su entorno, a moverse, jugando fascinados con cada descubrimiento, hasta que se dan cuenta de la cercanía del otro. La tierra y el cielo están al pendiente.

También los humanos que han mantenido la certeza de la luz, aún cuando todo parece perdido, sienten que ha llegado la posible respuesta a los rezos.

Venadito y osezno se acercan, con el gracioso andar de quienes están acostumbrándose a su cuerpo, se observan, se olfatean, se dan besitos. 


Y entonces, sin importar su corta edad, o favorecidos por eso, la medicina comienza a dialogar. Y los espíritus de oso y venado vuelven a manifestarse.

viernes, 7 de junio de 2013

"Ahora me ves, ahora no me ves".




Regresan al rancho los jóvenes cazadores.
Los niños, las aves y los perros anuncian su llegada, han tenido mucha suerte y en la fiesta todos los participantes disfrutarán de un banquete.
Las mujeres de todas las edades han preparado manjares deliciosos con los frutos de la tierra que ha sido tan generosa.
Todos están contentos y además, se anuncia lluvia. Cerro con sombrero.
Una abuela habla: "hijos, tenemos abundantes alimentos pero necesitamos guardar todo en las casas para que no se moje o se lo lleven los animales..." un vecino de otro pueblo interrumpe a la abuela, y hasta este momento nadie ha notado su presencia. Sale de su escondite para decir: "Señora, vecinos, les ofrezco llevar todo lo que necesitan guardar a mi casa, en el almacén cabe todo y ahí pasará la noche a salvo".
En realidad a nadie le cae muy bien este hombre, pero se miran unos a otros como pensando qué responder; un señor espera a que la abuela exprese algo y luego dice: "Vecino, no es nuestra costumbre mover la caza o los alimentos fuera del rancho, pero apreciamos su gesto de generosidad y aceptamos su oferta, llevemos pues a su lugar todo esto, y a primera hora de mañana continuaremos los preparativos". 
Ya muy entrada la noche, el vecino y sus amigos conversan sobre la gran cantidad de comida que se guarda en el almacén. Entran a ver, a contar, comienzan a tomar un poco de esto, un poco de aquello, alegando que no se va a notar y que es justo que si ellos están cuidando el tesoro de los del otro rancho, tomen algo para sus familias.
La lluvia y los rayos caen con intensidad. Mientras beben el licor que estaba destinado para la fiesta y siguen apartando lo que según ellos les corresponde, y encuentran un hermoso venado muy grande. "Vaya que tienen suerte para cazar estos vecinitos".
Hablan a gritos. Después de esconder casi la mitad de las cosas, se dejan caer en el suelo y duermen ahí, por la borrachera y porque la tormenta afuera es demasiado fuerte como para que regresen a sus casas.
Canta un gallo, el dueño del almacén se despierta sobresaltado, no sabe dónde está, las velas ya se apagaron. "Compadres, despierten que esta gente no tarda en llegar, estaba soñando a la bruja esa, la abuela y al venado que escondimos mirándonos. Despierten".
Nadie contesta. La oscuridad y el silencio llenan todo. El hombre anda a gatas espantado buscando cerillos o la puerta, de pronto oye voces, tocan, y abre la puerta.
Afuera la luz es muy intensa y lo encandila que no sabe ni con quién habla. 
"Vecino, les venimos a invitar a la fiesta, los esperamos a usted y a su familia antes de que se ponga el sol". El hombre no entiende nada, mira al interior del almacén y no hay nada, nada ahí.
"¿A qué horas vinieron a llevarse lo que les guardé acá vecino?"
El muchacho, al principio extrañado, le responde:
"No vecino si usted no guardó nada acá, apenas de madrugada regresamos de la cacería, y hemos pasado toda la noche preparando la fiesta, bajo las estrellas".
Afuera, la tierra seca y el cielo despejado le hacen ver al hombre codicioso que todo fue un sueño, que no ha llovido, que sus compadres no pasaron la noche con él en el almacén, que el venado, como todo lo terrenal solo le deja un mensaje:
 "Ahora me ves, ahora no me ves".

domingo, 2 de junio de 2013

En México el 17% del territorio indígena se encuentra concesionado a la minería

Matachín rarámuri, 2012

Entrevista a Eckart Boege, Dr. en Etnología y profesor-investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) realizada por Adriana Aguilar y publicada en Boca de Polen red de comuncadores (mayo 2013)

Los pueblos más afectados son los rarámuris (tarahumares), zapotecos (principalmente de los valles centrales de Oaxaca), chatinos, mixtecos, coras y tepehuanes, que tienen concesionado alrededor del 30% de su territorio.

"La totalidad de los 5712 polígonos concesionados  en territorios indígenas, suman  2 066 307 has, sin embargo  625 concesiones han sido canceladas por lo que hay que restarle 232 mil hectáreas. La mayoría de los territorios se encuentran en fase de investigación o exploración (o en búsqueda de inversionistas)  mientras  106 833 has ya están en la fase de explotación."

"En el caso de los pueblos indígenas, las autoridades federales hacen caso omiso de los convenios internacionales y su  manual respecto el consentimiento libre e informado (Convenio 169 OIT)   por parte de la población. Cabe mencionar que este consentimiento libre e informado, también incluye el derecho a decir no al proyecto. Si este proceso de consulta se atiene al manual que la OIT publicó  para las consultas, no debiera  ser  la autoridad  municipal o agraria o del estado en cuestión, quien organice este proceso. Más bien, una autoridad federal de “buena fe” -así dice el Convenio 169 de la OIT- tiene que informar y consultar a toda la población indígena informada sea propietaria de la tierra o no."

Para escuchar la entrevista al Dr Boege sobre el efecto de la minería en territorios indígenas, clic aquí

Para escuchar la entrevista sobre minería a cielo abierto en territorios indígenas, clic aquí

miércoles, 17 de abril de 2013

Lluvia para el desierto



Nuestros antepasados caminan, danzan, sueñan en los desiertos. Desiertos llenos de vida que se extienden dibujando sierras, huecos, charcas y lomas en enormes extensiones.


La lluvia en el canto de los ancestros es realmente valorada, anhelada, sobretodo cuando se ausenta por períodos prolongados: se reúnen los habitantes del desierto para elegir una manera divertida y novedosa si es posible para convencer a la lluvia de que empape la tierra y calme la sed de plantas y animales.

El gorrión por ejemplo, es elegido para ir a hablar con el dueño de la lluvia, entrega su mensaje, recibe la promesa de que habrá lluvia, pero el viento del huracán y el rayo le impiden regresar a la tierra de la cual sale. A la golondrina se le encomienda la misma tarea, pero también se despista con los embistes de la tormenta. Total, el agua se puede ver en las alturas pero no toca el suelo, parece una broma celestial.

Tenemos un pariente muy astuto que cuando le toca su turno, primero acude a pedir la ayuda de un mago, quien le presta unas alas de murciélago, (algunos dicen que esas alas son el poderoso canto del sapo).

Cuando el dueño de la lluvia escucha el ruego del sapo a nombre de los habitantes del desierto, y responde con la promesa de que habrá lluvia, el sapo agradecido hace como que se va...pero ¡no! Simplemente se esconde bajo la puerta por un rato y así mientras el dueño de la lluvia planea la travesura con el viento y los rayos, efectivamente empieza a llover pero el agua no llega hasta la laguna del sapo. Éste sube por encima de la lluvia con sus alas, o busca un tono para el canto de lluvia. La lluvia se sorprende y se suelta de nuevo, el sapo se calla, la lluvia piensa que ha muerto el sapo, se detiene, el sapo se mueve cantando "kowak, kowak" y va del cielo a la tierra, la lluvia lo persigue ya muy enchilada, cuando se da cuenta ha empapado la tierra. Todos ríen y agradecen, muchos sapos están cantando. Las alas son devueltas al mago.

Los sapos están retratados en los huipiles que tejen las mujeres en el sur...
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Adaptada de un mito Yaqui (hiaki) del origen de la lluvia