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jueves, 25 de agosto de 2016

Dos mensajeros


Dos pequeñas partículas luminosas viajan para reunirse -si todo sale bien- y entregar a los habitantes de la superficie de la tierra, la medicina que se necesita con urgencia.

Una lucecita viene del corazón del cielo.

Y la otra del seno de la tierra.

Cielo y tierra están un tanto preocupados porque la comunicación que sostienen a través de nosotros los humanos se ha interrumpido. Además la densa confusión ha creado una densa capa que atravesar formada por ambiciones, pesimismo, ira, demasiado juicio, una terrible obsesión por sobresalir y avasallar. También una especie de malla muy cerrada, una maraña de preocupaciones y mezquindad, miedos, envidia.

Y por ahí tienen que pasar las lucecitas.

Que en un bosque toman forma de un cervatillo -mensajero del cielo- y de osezno -mensajero de la tierra.

No se sabe siquiera si van acercarse para entregar los mensajes, o si se van a asustar o que percances puedan interferir en este encuentro.

Pero los pequeños comienzan a observar su entorno, a moverse, jugando fascinados con cada descubrimiento, hasta que se dan cuenta de la cercanía del otro. La tierra y el cielo están al pendiente.

También los humanos que han mantenido la certeza de la luz, aún cuando todo parece perdido, sienten que ha llegado la posible respuesta a los rezos.

Venadito y osezno se acercan, con el gracioso andar de quienes están acostumbrándose a su cuerpo, se observan, se olfatean, se dan besitos. 


Y entonces, sin importar su corta edad, o favorecidos por eso, la medicina comienza a dialogar. Y los espíritus de oso y venado vuelven a manifestarse.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Hilos del misterio


Un suspiro abre el Universo. En el acuerdo pleno, parece que el amado se aleja en infinitas formas y la amante matriz despliega un telar con hilos de misterio. La trama es un arrullo que el amor canta bajito.
Al inhalar, los amantes deshacen lo tejido y se acurrucan en una diminuta semilla invisible que contiene todas las posibilidades... luego exhalan otro universo tejido volcánico. El que va de camino y ese lugar donde todo se queda.
La que atraviesa el infinito en un sueño y el que toma su mano para hacerla volver.
Se van turnando como en un mecanismo esférico que genera textiles imposibles, inhalan y exhalan y se esconden entre las hebras y la lanzadera del intento amoroso que no descansa, pero se recrea en cada pausa.

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Mapa Astral Wixárika
Sala Gran Nayar
Museo Nacional de Antropología.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Cuando florece

Tabla de Los Cuatro Rumbos - Ramón Carrrillo

En los tiempos de mucho ruido, exceso de palabras, de sobrepoblación de héroes salvadores que no nos acaban de convencer, florece el venado. Pero es muy difícil ser testigo de ese florecimiento porque no genera señales escandalosas, sino que habla dentro de los mismos sucesos que se observan a diario, ya que todo instante en la vida es un prodigio. 

Hace tiempo dijo Don José Matsuwa:
"Cuando oigáis las canciones sagradas de mis labios, no soy yo quien las canta sino Kauyumari quien me las susurra al oído. Y yo os las transmito a vosotros. El es quien nos enseña y nos muestra el camino. Así es como es"
Y no se trata de falsas modestias.

Debajo de las gobernadoras y respirando al mismo ritmo que la tierra que lo cobija, ahí está el venado, transparente. Invisible hasta que considera que es hora de que algún afortunado lo vea, lo escuche. Se mire en él.

Un maestro, hablando del lugar sagrado y muy querido para todos nosotros nos compartió, hace menos de nueve días:
"Me he dado cuenta de que Wirikuta no es solamente de nosotros, es de todo el universo"

Y así nos regaló el silencio que habita dentro de la fiesta, de la música, de la ciudad. La compañía del venado en todo momento, del que no pide documentos ni analiza la pureza de la sangre.