viernes, 10 de junio de 2011

El sembrador, primera parte



Un muchacho llamado Watakame sale muy temprano a desmontar una ladera porque ha llegado el tiempo de la siembra. Watakame es un experto sembrador y con su hacha limpia el terreno para el coamil.
A la mañana siguiente regresa a ese lugar y encuentra todos los árboles y plantas de pie, como si hubiera sido un sueño todo el trabajo que realizó para desmontar. Confundido decide volver a realizar ese trabajo sin entender lo que pasó. Y al siguiente día vuelve muy contento pensando: ahora sí voy a sembrar. Pero el monte ha vuelto a crecer. Como buen sembrador no se rinde y vuelve a preparar el terreno. Pero la misma historia se repite, hasta que el cuarto día se queda escondido detrás de un árbol y muy calladito para averiguar que es lo que sucede, que clase de encantamiento ocurre cuando él se va a casa. Al rato de estar esperando, Watakame advierte que algo se acerca. Entre la maleza se ve que algo se mueve despacito, no se entiende qué cosa es. Cuando se acerca al terreno, el sembrador ve que es una ancianita, una bisabuela muy viejita que con su bastón de otate, esos que tienen cabeza de venado, golpea la tierra y en el momento el monte empieza a crecer quedando tal y como estaba antes de la llegada del hombre.Watakame está asombrado y enojado y hasta desesperado, y sale de su escondite para decirle a la señora: ¡Pero bisabuelita, que hace usted, llevo días trabajando con mi hacha para tener listo este terreno para sembrar porque ya llegan las lluvias! ¿Por qué lo vuelve usted a cubrir de monte con su magia?


-Mira hijito, es verdad que llegan las lluvias pero no van a parar en mucho tiempo, este mundo como lo conoces va a desaparecer bajo el agua, así que en vez de estar aquí de necio te vas a buscar un árbol de zalate y construirás una barca, con su tapa, luego te vas a conseguir semilla de maíz de los cinco colores, cinco tallos de calabaza, una brasita y una perrita negra. Y te apuras porque tienes nada más cinco días antes de que empiece a caer el agua. Y que quede bien hecha la barca, que cierre bien. ¡Júyale! Y como la bisabuela es tan impresionante, no le queda más remedio a Watakame que apurarse a cumplir su encargo. A los cinco días, cuando está en los últimos detalles de la barca, comienzan a caer gotas de lluvia. Llega la bisabuelita Nakawé -crecimiento- y le dice: ¡Órale apúrale hijto, que ya es la hora! A ver ¿Conseguiste todo lo que te pedí? Y Watakame le contesta: Ay abuelita me falta la perrita negra... -Mmm ya sabía, chamaco atarantado, por eso yo traje una, ora métase a la barca con todo esto que tiene que cuidar. Y yo te ayudo a poner la tapa. Ya se siente más tupida el agua, Watakame no entiende nada. -Abuelita pero que no será mejor que usted se meta y yo pongo la tapa ya que estemos todos dentro? Y nuestra bisabuelita le responde: Yo iré encima cuidándolos.

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