jueves, 25 de agosto de 2011

Azul y muy sagrado


Lumholtz, Carl. México Desonocido II p. 101


La gente tiene comida pero no conoce el maíz, en ocasiones ven a las hormigas acarreando granos, preparando esquites…y se les antoja probar el maíz. Pero las hormigas no les cuentan  en donde lo consiguen.

El sembrador intenta seguir a las hormigas pero cuando se queda dormido le comen el cabello,  las pestañas y la ropa y al día siguiente no puede ver muy bien.

La madre del maíz, en forma de paloma, vuela cerca de él pero cuando el muchacho trata de acercarse ella desaparece, se oculta, y así la va siguiendo hasta que llegan a una casa. 

La dueña de la casa sale a recibir al muchacho, ya en forma de señora, y como el joven está hambriento, la madre del maíz le sirve una jícara con tortillas y una de atole, a él le parece que no se va a llenar con eso, pero, las jícaras nunca se vacían. Platican sobre lo que le ha pasado al muchacho.

La señora le pide que escoja a una de sus hijas.

El muchacho se sorprende y piensa que con qué  va a mantener a una muchacha, y que porqué al pedir maíz ella le quiere dar a una de sus hijas.

Las hijas son, maíz azul, maíz colorado, maíz pinto, maíz blanco y maíz amarillo.

Al principio ninguna de las muchachas se quiere ir con él. Pero la más sagrada, el maíz azul accede y la madre del maíz les dice que se van a tener que llevar también a las demás, incluyendo a la flor de calabaza, al frijol y al amaranto, porque ellas no quieren separarse, además le advierte al sembrador que no deben poner a trabajar al maíz azul, que no deben maltratarla, que ella debe estar en el templo durante cinco años, que le dé de comer chocolate en agua y tortillas, que la mamá de él debe moler y echar tortillas.

Entonces se van todos al pueblo, el muchacho construye el calihuey, duermen ahí y amanece todo lleno de alimento que acomoda según los rumbos del universo, todos están contentos porque hay sustento sin necesidad de trabajar.

Pero al cuarto año de este matrimonio la suegra de la mujer maíz azul se pone pesada y le empieza a exigir que ponga nixtamal y muela. Y ella termina por obedecerle, al cocer el nixtamal se despelleja y al moler en el metate empieza a sangrar.

Cuando su marido regresa no la encuentra y le pregunta a su mamá que sucedió, ella le cuenta que la puso a trabajar, y el comprende que se regresó a su casa, y va a buscarla.

Le dicen que llegó muy maltratada y que ya no se la van a dar. Que ahora el maíz le va a costar y le dan semillas pero le advierten que tendrá que sembrar durante cinco años antes de poder cosechar verdadero maíz.

El regresa muy triste pero todavía enamorado… y desde entonces los hombres tienen que coamilear para que tengamos maíz y todos los otros alimentos en nuestra mesa.
Hasta la fecha preparamos tortillitas pequeñas para alimentar a la madre del maíz y para otras ofrendas, así como pinole y tamales.

El maíz azul es lo mismo que el mar, la lluvia, el peyote y el venado.

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