Wirikuta: minas, indígenas y medios
masivos
07-agosto-2012
Por Paul M. Liffman (Colmich)
El actual boom minero
en México ha desatado polémicas en torno a los impactos de los diferentes
caminos del desarrollo económico nacional sobre el medio ambiente y las
comunidades que lo habitan. Un caso sonado es la propuesta de reanudar y
expandir la extracción de metales preciosos en torno a Real de Catorce, San
Luis Potosí, centro de auges mineros en la época colonial y el porfiriato. Su
notoriedad proviene del patrimonio ecológico y cultural de la región: se trata
del territorio ceremonial de los 50,000 indios wixaritari (huicholes), llamado
Wirikuta, desierto de 1,400 kilómetros cuadrados donde han realizado
peregrinaciones anuales desde hace siglos para lograr la renovación del Sol, la
reproducción de sus templos autóctonos (tukite) y la iniciación de sus
miembros.
Ahora que el indigenismo desarrollista
se ha desmoronado, los wixaritari y sus aliados han reunido gran apoyo público
por confrontar la sacralidad autóctona al neoliberalismo globalizado (pues 70%
de los proyectos mineros a nivel nacional están vinculados a empresas
canadienses). Los opositores de la minería en Wirikuta han propuesto un modelo
ecologista de desarrollo regionalque según ellos debería ser avalado por el Estadoen términos de la cosmopolítica (Rancière, 1999, Latour, 2004 y De la
Cadena, 2010).
Alimentado por conceptos de los
estudios de ciencia y tecnología (science and technology studies) y de
los objetos
limítrofes (boundary
objects), entiendo la cosmopolítica wixarika como una reivindicación
planteada en la voz de los ancestros, ahora proyectada en grandes eventos
culturales y por los medios masivos. En este lenguaje político, los dueños
divinos del Cerro Quemado o Paritek+a, lugar donde nació el Sol, estarían tan
devastados por la minería que los flujos subterráneos de agua, los patrones
pluviales y todo el clima planetario sufriría.
Este movimiento ha logrado gran
popularidad a partir de una política identitaria que abre la puerta al deseo de
grandes sectores de identificarse con la territorialidad sagrada e, inclusive,
de (re)indianizarse a través de la participación en una religión chamánica.
Así, en una crisis histórica compartida, desde que los wixaritari han abierto
parcialmente su relación exclusiva con los antepasados que controlan el clima y
el paisaje, se ha desdibujado y desplazado la identidad de los actores y, por
tanto, los límites entre etnias. Es decir, arguyen que las esencias de la vida están gravemente amenazadas,
despliegan prácticas rituales otrora cuidadas celosamente y, hasta cierto,
punto comparten su indigeneidad a cambio de la agencia económica y soberanía
territorial que habían cedido a los no indígenas en siglos pasados.
Es notable que el movimiento para
reivindicar Wirikuta ha exhibido -casi en términos museográficos- símbolos,
prácticas y discursos sagrados otrora ocultos a un público cada vez más amplio.
El ejemplo más famoso de esta apertura
ocurrió en el ritual inusitado que se llevó a cabo en Paritek+a la noche del 6
al 7 de febrero de 2012. Llamó la atención la mediación masiva del hein+tsika o
sueño divinatorio y canto para la esfera pública de chamanes provenientes de
varios centros ceremoniales. El aspecto central fue su adivinación colectiva en
el punto preciso de la emergencia del Sol cerca del pico ventoso del Cerro, mil
metros arriba del desierto de Wirikuta.
Después del canto, que duró toda una
noche helada, los chamanes realizaron una consulta colectiva y, finalmente, uno
de ellos condensó el sueño experimentado por todos durante tantas horas en 15
minutos; ese discurso, después bautizado como El Mensaje de las Deidades, parte del Peritaje Tradicional Wixárika en
Wirikuta, y fue
organizado en torno a una narración de sitios ancestrales en el orden visitado
a lo largo del camino de peregrinaciónuna relación icónica entre geografía y texto.
De esta manera, se enfatizó la
centralidad no sólo de Wirikuta sino de toda la geografía sagrada en cinco
estados y las responsabilidades ceremoniales de los wixaritari para asegurar el
bienestar del mundo. El chamán, Eusebio De la Cruz, entregó esta síntesis para
los medios y el público conformado por cientos de personas reunidas allí en
lengua wixarika (posteriormente, fue traducida al español en una película
difundida por internet por Peguero, 2012).