sábado, 21 de mayo de 2011

Marcha del pueblo wixárika en Guadalajara por Wirikuta




Guadalajara. En un hecho inédito, el pueblo huichol dejó sus comunidades enclavadas en la sierra norte de Jalisco para participar, por primera vez en su historia, en una marcha de protesta en Guadalajara. El motivo: exigir respeto al sitio sagrado de Wirikuta, en San Luis Potosí, concesionado a una compañía minera canadiense.

Fueron un centenar de wixaritari los que se dieron cita en la glorieta de La Normal: hombres, mujeres y niños portando sus vestimentas tradicionales en manta, llenas de colorido. Se les unieron mestizos (teiwarixi) que al final eran mayoría: estudiantes de universidades locales y miembros de la sociedad civil organizada que se solidarizaron con la demanda de la etnia. El contingente partió poco después de las 10:00 horas rumbo al sur, por la avenida Alcalde, y al cabo del recorrido sumó unas 400 personas.
A la cabeza, el ojo de Dios, símbolo huichol. Detrás, varios bloques de personas. Las mujeres wixaritari se reunieron en un solo grupo. Los niños en un par de hileras. Los solidarios, atrás. Todos lanzaban consignas como “Wirikuta es sagrado, no se vende”; “No a la minería canadiense en Wirikuta”, que repetían hasta los más pequeños en repudio a la compañía First Silver Majestic, que con sus socias —las empresas mexicanas Bonanza y Real de 14— pretenden explotar plata del subsuelo.


“Hoy venimos a manifestarnos ya que uno de nuestros sitios más importantes está siendo afectado por una minera que lo acaba de comprar, siendo que la UNESCO la considera de los 14 sitios sagrados más importantes del mundo”, señaló Antonio García Mijares, vocero de la marcha, quien explicó que de sus cinco sitios sagrados, Wirikuta, al oriente, es el principal centro ceremonial.

Es el “lugar donde nace el sol” pero —lo sabe la trasnacional— donde nace la plata, un metal ahora revalorizado. Según refirieron los mestizos explotar el lugar equivale para los occidentales, a realizar explosiones en el principal santuario católico. Por ello, gritaron fuerte las voces masculinas de teiwarixi: “No queremos la minera, llévense su chingadera”.

Jesús Carlos Soto Morfín, egresado del ITESO, explicó que se solidarizó con la marcha “por amor a la tradición wirikuta, con la que hemos convivido [...], hemos formado parte de su pedagogía, hemos asistido a sus ceremonias, los conocemos, valoramos su cultura. Estamos en contra de que sean desplazados por la minera de este ecosistema tan vital para la cosmovisión de los wixaritari”.

Los manifestantes arribaron a la Plaza de Armas y se apostaron frente al palacio de Gobierno. En el emblemático quiosco francés, los representantes elegidos por el Consejo de Ancianos se colocaron frente al edificio y desplegaron una bandera de México. Ahí, encabezaron un breve ritual. El olor de copal se esparció junto con las bendiciones que pidieron “para toda la humanidad”. A una mujer le correspondió rociar agua con una flor, por encima de las cabezas de quienes estaban al pie del quiosco.

Luego vino el reclamo. Un grupo fue recibido por funcionarios estatales de segundo nivel y les entregaron el pliego dirigido al gobernador de Jalisco, Emilio González, a quien le recuerdan su compromiso de velar por el pueblo huichol que él y otros gobernantes de la región, además del presidente del país, Felipe Calderón, firmaron en 2008 para proteger a los wixaritari.

Esta protesta, informaron, también tuvo réplicas en Vancouver y en la sede de la ONU, en Nueva York. Muy lejos del quiosco en que el resto de la comunidad permaneció y donde las horas consumidas bajo el sol concluyeron entre notas salidas de un violín wixarica, con melancólica esperanza.
Diario MILENIO
Maricarmen Rellohttp://www.milenio.com/node/724094

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