domingo, 6 de noviembre de 2011

Los tres sombreros (segunda parte)

Y ahí va el muchacho trotando por veredas y bosques muy contento, un poco nervioso. Al tomar un camino ve a lo lejos a un señor que revisa algo en el suelo, tiene un burro. El burro levanta la cola y para sorpresa del muchacho caga pepitas de oro. Entoces el señor con una linda pala recoge los montoncitos de oro y los guarda en una bolsa que mete a su morral. El muchacho sospecha que esto puede ser una alucinación y decide acercarse a averiguar. 
-¡Buenas tardes señor!
-Buenas, joven. ¿Qué le trae por este camino en viernes a mediodía?
-Ah pues andaba yo paseando y... va usted a decir que estoy loco pero de lejos vi clarito que su burro ¡caga oro!
El señor se queda callado con los ojos muy abiertos. Luego suspira y le dice al joven:
-Bueno muchacho camina un rato conmigo y te voy a contar. Pues sí, este burro es un burro mágico. Y no te engañan tus ojos, caga pepitas de oro.


-Ayayay. Oiga pero que maravilla. Y ¿en cualquier momento? ¿no le da miedo que alguien lo vea y se lo quiera robar? ¿le tiene que dar algún alimento especial para que cague oro? 
-Je je. Mira, pues la verdad es que yo ya no quiero tener este burro. Ya junté suficiente oro para vivir a gusto. Ando buscando un nuevo dueño, pero si quieres saber la respuesta a tus preguntas, y aún más, quedarte con este burro mágico, tienes que pagar un precio, un módico precio, es simbólico. Me tienes que dar tres sombreros. Yo voy a seguir arriando el burro por este camino, si te interesa ahi me buscas.
El muchacho con la emoción, la juventud, la asoleada, el hambre, la sed o tal vez era mestizo, no relacionó ni por un momento esta cuestión de los tres sombreros. Y como el diablo Justiman es hábil para disfrazarse, no cualquiera lo reconoce. Y ahi tienen al joven corriendo como si el tepu de roble que traía cargando fuera una pluma. Y se apuró y se las ingenió para conseguir los tres sombreros y volver a encontrar al arriero del burro mágico. 
-Aquí están los sombreros, señor.
-Ay amigo, pues que bien, ya me voy a poder liberar de esta carga. 
Y mientras van caminando le cuenta que el burro caga oro solamente los viernes al mediodía, pero el secreto es que  hay que fajarlo bien fuerte para que pueda hacerlo. Y para que nadie lo vea a uno con el tesoro pues es necesario estar a esa hora en un lugar despoblado. Por lo demás hay que alimentar y cuidar al burro como a cualquier otro, incluso puede uno cargarlo de leña o de lo que haga falta. Incluso montarlo. Mientras el viernes al mediodía le apriete uno bien la faja. Y tenga uno donde guardar el tesoro, claro.
-Ah vaya, pues no parece tan difícil...
-Claro que no muchachito, aquí te entrego tu burro, yo me regreso pa mi rancho. Que lo disfrutes.
-Si, gracias, buen camino. Otra vez gracias.
-Ándele, gracias pro los sombreros.
Y ahi va el joven caminando a ratos, montado a ratos hasta que pasa la semana, y muy entusiasmado se mete al monte para poder fajar a su burro cuando llegue la hora.
Y llega el sol a lo alto.
El muchacho se aplica a fajar al burro. Nada. Le quita todos los aparejos y se los vuelve a poner, fajando bien al burro. Espera. Nada. Lo lleva al arroyo a que beba y coma. Luego lo vuelve a fajar. Nada. Bueno, caca, caca de burro sano y joven. Pero ni pepitas ni doraditas.
Cuando el sol empieza a aventar las sombras de lado, se acuerda del hato de ganado, de los tres sombreros...
-¡AAAAH! ¡Ya me la volvió a hacer este compadre! Chihuahuas.
Y pues le pega con una rama al burro pa que salga corriendo, agarra su tepu y se va a buscar un lugar donde pasar la noche y dejar la muina.

Continuará...
Y un poco atarantado se llevó su burro y anduvo



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la primera parte se puede leer aquí http://venadomestizo.blogspot.com/2011/11/los-tres-sombreros-primera-parte.html

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